El anciano Rockefeller murió plácidamente en la cama de su mansión de invierno de Ormond Beach, Florida, sin haber cumplido su propósito de vivir al menos hasta los 100 años. Algunos lo habían conocido como “el barón ladrón”; otros, en cambio, como “el gran filántropo”. Lo cierto es que esta dicotomía estuvo siempre presente desde su más tierna infancia, y quizás las contradictorias personalidades de sus progenitores ejercieron alguna influencia.

Publicado en Historia y Vida en julio de 2006

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