Era el invierno de 1946. Como cada día, tres primos beduinos pastoreaban sus rebaños en un valle del desierto de Judea cercano al mar Muerto, en Israel. Una tarde, los pastores atisbaron dos orificios en un macizo rocoso, y decidieron distraerse tirando una piedra por uno de ellos. Al instante oyeron cómo el fragmento colisionaba contra lo que parecían ser trozos de cerámica.
Sin saberlo, acababan de convertirse en los protagonistas de uno de los hallazgos más importantes del siglo xx: el de los rollos del mar Muerto, un conjunto documental que incluye las copias manuscritas del Antiguo Testamento más remotas que se conocen, de entre los siglos iii a. C. y i d. C.
Publicado en la revista Historia y Vida en febrero de 2012
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