En la región montañosa de Pieria, al norte de Grecia, se encuentran Vergina y Palatitsia, dos villas adyacentes que definen los límites de uno de los yacimientos arqueológicos más excepcionales de toda la humanidad. Durante años, sus ruinas permanecieron desconocidas para los viajeros que atravesaban la región en busca de tierras más célebres de la antigua Grecia, hasta que en 1855 captaron la atención de Léon Heuzey. El joven arqueólogo francés se hallaba de viaje por Macedonia cuando, alertado por los habitantes de la zona, descubrió los restos de una cripta subterránea al oeste de Palatitsia. Entonces fue imposible iniciar una investigación; las fuertes lluvias otoñales habían causado graves inundaciones.

Publicado en la revista Historia y Vida en mayo de 2006

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