En un futuro no muy lejano, los humanos y las máquinas seremos tan parecidos que no habrá manera de diferenciarnos. Ésta es, según Rodney A. Brooks, la última ofensa que la ciencia y la tecnología han lanzado contra la supuesta singularidad del hombre. Conclusión: no somos tan especiales.
Publicado en la revista CNR en junio de 2006
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