En la naturaleza encontramos organismos, desde bacterias a animales superiores, que toleran la congelación durante periodos prolongados. Los humanos, de momento, no hemos alcanzado esta capacidad de forma natural, pero sí es posible mantener células y tejidos durante años en un frigorífico, como se hace con el plasma, el semen, los óvulos, las córneas o las células madre del cordón umbilical. Quizá, en un futuro no muy lejano, los médicos dispongan de bancos de órganos helados para realizar trasplantes. O puedan incluso resucitar a aquellas personas que decidieron ser congeladas tras su fallecimiento y cuyos cuerpos se encuentran preservados en tanques de nitrógeno líquido.
Publicado en la revista Muy Interesante en noviembre de 2016
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