La humanidad siempre ha trazado mapas. Mapas del mundo, de las ciudades, de las monta- ñas, de los mares… y del cielo. Si, al caer la noche, alzamos la vista para contemplar el firmamento es posible que atisbemos un punto lejano con una espectacular luminosidad azul. Sabemos que se trata de Eta Carinae, una estrella que brilla cuatro millones de veces más que el Sol, gracias a que los astrónomos llevan siglos observando y catalogando los cuerpos celestes de nuestra galaxia, cada vez con herramientas más sofisticadas.
Gaia marcará un antes y un después en este interés por comprender la estructura, el origen y la evolución de la Vía Láctea. Está previsto que antes de que acabe el año este satélite de la Agencia Espacial Europea (ESA) empiece a barrer el cielo sin descanso. Transcurridos los cinco años de su misión, habrá recogido los datos necesarios para determinar las posiciones, distancias y movimientos de mil millones de estrellas, cerca del 1% de nuestra galaxia. Un sueño inalcanzable durante siglos.
Publicado en la revista Historia y Vida en noviembre de 2013
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