Nunca un maniquí tuvo una jornada de trabajo tan dura como la del dummy. Ni siquiera los que circulan por las facultades para que los futuros médicos se entrenen en la práctica de la reanimación. Día tras día, año tras año metido en un coche para acabar siendo estampado contra un muro de hormigón, una y otra vez. Disfrazado de humano. Porque a nadie se le ocurriría meter uno de carne y hueso para hacer una prueba de este tipo, ¿verdad? Error. Aunque cueste de creer, en el origen de los ensayos sobre seguridad pasiva en vehículos se utilizaban cuerpos humanos, primero muertos y más tarde vivos.

Publicado en la revista Historia y Vida en febrero de 2009

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