Cuentan testimonios de la época que cuando Juana la Loca, conocida por sus problemas mentales, se entrevistó por primera vez con su prometido, Felipe, quedó absolutamente fulminada de amor. Algo difícil de comprender teniendo en cuenta que el futuro rey de España, apodado no se sabe muy bien por qué el Hermoso, era feo de remate. De aspecto físico bastante vulgar –dientes podridos y labio inferior caído-, constantemente se le desencajaba una de las rótulas, que él mismo recolocaba. Es una de las muchas anécodotas que envuelven la realeza de todos los tiempos.

Publicado en la revista Muy Historia en mayo de 2008

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