En el año 2000, Karim Nader, estudiante de posdoctorado en el laboratorio LeDoux de la Universidad de Nueva York (EE.UU.), llevó a cabo un experimento que revolucionó por completo la teoría sobre cómo se forman y se guardan en nuestro encéfalo los recuerdos, hasta entonces, la comunidad científica postulaba que, tras completarse un proceso de síntesis de proteínas, los recuerdos se volvían permanentes. El joven neurocientífico estrenó a un grupo de ratas para que asociaran un sonido particular con una descarga eléctrica, de tal manera que aprendieran a temer esa señal. Pero, después de que Nader les inyectara un fármaco para bloquear la síntesis de proteínas en la amígdala -la zona del cerebro donde se cree que se almacenan los recuerdos del miedo-, algo sorprendente sucedió: al recordar, es decir, al exponerlas de nuevo al mismo ruido, las ratas ya no se quedaban completamente paralizadas. La asociación había desaparecido. Lo que Nader planteaba con su experimento era que los recuerdos son elásticos, maleables, y que se construyen de nuevo cada vez que los evocamos. Ese proceso se conoce como ‘reconsolidación’, y pese a las reticencias iniciales de la comunidad científica a creer en este nuevo planteamiento, lo cierto es que abrió nuevas vías para la manipulación de los recuerdos.

Publicado en la revista Muy Interesante en julio de 2019

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