Es inevitable. Ya puede sonar un clásico de los Rolling Stones o la última com posición de Ed Sheeran. Un bolero o un reguetón. El caso es que, cuando escuchamos música, algo sucede en nuestro interior que nos impulsa a seguir el compás con el pie, chasquear los dedos, balancear la cabeza de un lado a otro o, por qué no, lanzarnos a la pista de baile. De hecho, los niños mueven de modo instintivo las manos y los pies con las melodías a los pocos meses de vida, antes incluso de aprender a caminar. Y es que el sentido del ritmo es una capacidad innata del ser humano.
La primera vez que se demostró científicamente esta teoría fue en 2009, cuando investigadores del Instituto de Psicología de la Academia Húngara de Ciencias y de la Universidad de Ámsterdam quisieron averiguar cómo los bebés perciben el universo musical a su alrededor.
Publicado en la revista Muy Interesante en enero de 2018
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