Las pirámides egipcias, los monumentales templos griegos, las catedrales de todos los tiempos, los grandes palacios reales y sedes políticas… Se necesitaron nada más y nada menos que dos mil años de historia de la arquitectura occidental para que vieran la luz los primeros rascacielos. Mucho tiempo para acabar plasmando un deseo de sobras conocido, el de construir lo más alto posible para rozar las nubes y entrar en el mundo de lo divino. A imagen y semejanza de la Torre de Babel mencionada en la Biblia, con la que los hombres pretendían alcanzar el cielo.

Publicado en la revista Historia y Vida en agosto de 2009

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