Reduce el estrés, la ansiedad y el insomnio, mejora el funcionamiento cognitivo, la memoria y la atención, ayuda a mantener la salud cardiovascular, previene algunas enfermedades, beneficia el sistema inmunológico e incluso incrementa la esperanza de vida. Dicho así, parece que estemos hablando de una pastilla mágica curalotodo. Pero en realidad la receta para el mantenimiento del bienestar físico y emocional está al alcance de todos, porque no es otra cosa que el contacto con la naturaleza.
No es que lo diga la ciencia, que también, a través de numerosos estudios, sino que la teoría la avala la experiencia de nuestros antepasados, que estaban en contacto con espacios verdes a diario. De hecho, hoy en día, en culturas ancestrales como la japonesa recetan “baños de bosque” (‘shinrin-yoku’), es decir, pasear sin prisas por espacios frondosos, como antídoto para el estrés de la vida moderna.
De Japón son también las tradiciones relacionadas con la jardinería y la interacción con la naturaleza más antiguas que existen, como el bonsái, la ikebana y una que es poco conocida, pero que está empezando a ponerse de moda en todo el mundo: la kokedama. Esta técnica consiste en sustituir la típica maceta de las plantas por una bola de musgo, de ahí su nombre (‘koke’, musgo, y ‘dama’, bola), y lo que representa es el equilibrio, la perfección.
Publicado en el Magazine de La Vanguardia en marzo de 2021
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*La fotografía es de Omotesandō Plants