Hace ahora justo un año, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aparecía en televisión para decretar el estado de alarma con el fin de hacer frente a la expansión del coronavirus. Todo el país debía quedarse en casa. Nos dijeron que el suministro de alimentos y productos de primera necesidad quedaba asegurado. Pero aun así, corrimos a los supermercados y vaciamos los estantes a la velocidad del rayo. La venta de papel higiénico aumentó hasta un 700%, y algunos investigadores se preguntaron por qué. La llamada “compra por pánico” es una respuesta extrema ante una situación estresante que amenaza nuestra supervivencia. Y tiene mucho que ver con la propia personalidad.
El pánico, si atendemos a la definición de la RAE, es un miedo o terror muy intenso, y a menudo colectivo y contagioso. El detonante puede ser la pérdida de un ser querido, la inminencia de un examen importante, un divorcio, el desempleo o presenciar una catástrofe, por ejemplo. En cualquier caso, se calcula que entre el 20% y el 30% de personas en edad adulta han tenido o tendrán algún ataque de pánico a lo largo de su vida.
Publicado en la revista Muy Interesante en marzo de 2021
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