He posado mis ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, la estatua de Zeus en los Alfeos, los jardines colgantes, el coloso del sol, la enorme obra de las altas pirámides y la vasta tumba de Mausolo. Pero cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo.” Así describió el poeta griego Antípatro de Sidón, en el s. ii a. C., las siete maravillas de la Antigüedad, un conjunto de obras arquitectónicas que los helenos consideraban dignas de ser visitadas y admiradas.

De aquella casa de Artemisa tan solo queda en pie una columna construida ex profeso con pedazos de diferentes pilastras. En su época de esplendor, hasta ella peregrinaron multitud de adoradores para rendir culto a la diosa y pagarle tributo en forma de joyas y otros bienes.

Publicado en la revista Historia y Vida en abril de 2012

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