El 18 de abril de 1938, un ingeniero que la policía había encontrado vagando por una estación ferroviaria de Roma con un síndrome esquizofrénico fue sometido a una terapia que cambiaría para siempre la historia de la psiquiatría. Un equipo de investigadores liderado por el doctor Ugo Cerletti (1877-1963) colocó unos electrodos en su cabeza y, mediante un aparato de corriente alterna, le administró una descarga de 70 voltios en apenas una fracción de segundo. Para sorpresa de todos los presentes, tras el espasmo mus- cular, el paciente empezó a cantar. 

Pero lo que esperaba Cerletti era inducir una crisis convulsiva y la pérdida de con- ciencia. Pidió otro intento con mayor vol- taje, a lo que el ingeniero se negó: “Non una seconda! Mortifera!”, cuentan que exclamó, agitado. La segunda descarga fue de 110 voltios y 0,5 segundos y le provocó una crisis epiléptica. Después de una docena de sesiones a lo largo de dos meses, la sintomatología del trastorno esquizofrénico desapareció por completo. El electroshock –también llamado terapia electroconvulsiva (TEC)– utilizado con fines terapéuticos en humanos acababa de nacer. 

Publicado en la revista Historia y Vida en octubre de 2017

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