Desde su origen, el hombre ha sentido la necesidad de construir mecanismos que imitasen la figura y los movimientos de los seres animados con alguna finalidad concreta o por puro entretenimiento. Ya en el Antiguo Egipto, las estatuas de los dioses y los reyes poseían brazos mecánicos que eran manipulados por los sacerdotes de los templos. Pero no fue hasta hace apenas unas décadas que dejamos de hablar de autómatas para dar paso a los robots antropomorfos, también llamados androides o humanoides.

Publicado en la revista Historia y Vida en septiembre de 2008

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