“Lo que uno ha vivido es, en el mejor de los casos, comparable a una bella estatua que hubiera perdido todos sus miembros al ser transportada y ya sólo ofreciera ahora el valioso bloque en el que uno mismo habrá de cincelar la imagen de su propio futuro”. La contemplación del Torso de Apolo, un kouros de Mileto que se conserva en el Louvre, fue la fuente de inspiración de estas palabras escritas por el filósofo Walter Benjamin en su “Dirección única”. Años atrás, Rilke ya había sucumbido a la belleza de esta escultura, a la que elogió en su famoso soneto «Torso de Apolo arcaico». “Debes cambiar tu vida”, concluía el poeta. Suponer que una escultura nos pueda cambiar la vida quizás pueda parecer una exageración, pero no hay duda de que la civilización occidental es heredera de los antiguos griegos en cuanto a la ciencia, la filosofía, la literatura y, cómo no, al arte, que aún hoy nos sirve como modelo de belleza y estímulo creativo.
Publicado en la revista Muy Historia en septiembre de 2006
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Ha estat com retornar a aquelles classes d’història de l’art de l’institut… m’ha agradat!!
Muy oportuno su artículo en el momento de mi investigación sobre el bello de la sombra en la arquitectura. Muy bueno resumen sobre tan amplio tema.
Felicitaciones y gracias.
Gracias a ti por tu interés.