Desde el inicio de la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha insistido en que, aunque la aparición de la covid-19 podría deberse a un proceso de zoonosis –el virus salta de una especie animal al hombre, como en el caso del ébola o el zika–, las infecciones en animales son anecdóticas.
Aun así, los bulos se han disparado, estigmatizando a las mascotas. De hecho, según datos de la Real Sociedad Canina de España (RSCE), el abandono de perros creció un 25% con la desescalada del coronavirus. Muchas personas que aumentaron la familia durante el confinamiento –la demanda de cachorros tuvo un repunte del 50% en plena pandemia– instrumentalizaron a los perros como medio para salir a pasear o entretener a los niños, y ahora es cuando se han dado cuenta de la responsabilidad que conlleva tener una mascota.
La crisis sanitaria ha tenido graves consecuencias en canes debido a la ausencia de una estructura institucional preparada. En el caso de los animales de las personas hospitalizadas o que han fallecido a causa del coronavirus, estos se han quedado solos en viviendas o bajo la tutela temporal de entidades protectoras o vecinos que, con buena voluntad, los han cuidado y alimentado.
Publicado en la revista Muy Interesante en septiembre de 2020
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