Es uno de los grabados más representativos de los Caprichos de Goya. Un hombre recostado sobre un escritorio parece haber caído en un sueño del que emergen amenazantes criaturas nocturnas, entre ellas, murciélagos. El sueño de la razón produce monstruos (1797-99) es, según la interpretación más extendida, una crítica del artista de los desatinos que nos aquejan cuando nos alejamos de la razón.
La asociación del murciélago con el mal ha sido recurrente a lo largo de la historia. El miedo ancestral del hombre a la oscuridad, ámbito en el que halla refugio este animal, ha forjado todo tipo de mitos y supersticiones en torno a él. La literatura y el cine no han hecho más que alimentarlos. Basta recordar Drácula (1897), la famosa novela de Bram Stoker protagonizada por un vampiro que huye volando de sus perseguidores transformado en un murciélago. Pero solo tres de las cerca de mil doscientas especies conocidas de quirópteros (del griego keyros, mano, y ptera, ala) se alimentan de sangre, un número demasiado reducido como para identificarlos solo con lo siniestro y obviar los enormes beneficios que nos aportan.
Publicado en la revista Historia y Vida en abril de 2015
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