Seguro que a ti, en algún momento de tu carrera profesional, también te ha tocado trabajar en una de esas empresas que abogan por los contratos precarios y las jornadas eternas, que hacen diferencias salariales por razones de sexo, que echan a sus empleadas cuando se quedan embarazadas, que evitan que los sindicatos representen a los trabajadores, que fomentan el enchufismo y la competencia interna o que todavía no saben que aquella papelera que hay al lado de la impresora es para reciclar el tóner. Que no te quepa la menor duda: todos estos son ejemplos de malas prácticas de Responsabilidad Social Corporativa. Ya ni siquiera estamos hablando de combatir la pobreza en el mundo, porque, en realidad, la verdadera responsabilidad empieza por crear un buen clima interno para después transmitirlo al exterior.
Publicado en la revista Comunicas? en octubre de 2007
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*La imagen se ha extraído del documento