Primero fueron unos pequeños despistes sin importancia. ¿Quién no ha salido a la calle alguna vez dejándose las llaves dentro de casa? Luego llegó la fase en que repetía conversaciones porque su mente las borraba de forma automática. Más adelante pasó a olvidar el significado de algunas palabras y a desorientarse. María Rosa tiene 68 años y hace seis que le diagnosticaron la enfermedad de Alzheimer. Desde entonces, la merma de capacidades ha aumentado de forma progresiva. Ahora es incapaz de recordar datos como su edad o el siglo en que vivimos, o de enumerar animales cuando su doctora la somete al test de evaluación de memoria. Tiene, afortunadamente, momentos de lucidez, y cuenta con asistencia de familiares y amigos. Ella es una de las más de treinta y cinco millones de personas afectadas en todo el mundo por algún tipo de demencia.

Publicado en la revista Historia y Vida en septiembre de 2011

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