Trece años tenía Juana de Arco cuando escuchó la voz de Dios por primera vez. Pero no hace falta ser una santa para oír voces. Un alto ejecutivo, un monje budista o el camarero de un bar pueden experimentar una comunión con Dios, ser abducidos por un OVNI, ver espíritus, levitar en la cama o ver la luz al final del túnel en un estado entre la vida y la muerte. Pero, ¿son reales estas experiencias? Para los que las viven, evidentemente sí. ¿Y para la ciencia?
Publicado en la revista Redes en junio de 2010
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